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11.11.2019
Entrevista a América Sánchez

El pasado 23 de octubre se inauguró la exposición de América Sánchez, Clásico, moderno, jazz y tropical, en el Palau Robert. Podéis visitar esta espectacular exposición hasta el 23 de Febrero y, spoiler alert, te quedarás con la boca abierta. 

 

Para quienes todavía no lo conozcáis o quienes quizás conocéis su obra pero todavía no lo sabíais, América Sánchez es uno de los diseñadores gráficos más prestigiosos e influyentes de este país, a quien, dicho sea de paso, tenemos el inmenso placer de contar con él como profesor en Seeway. 

 

El logotipo del Museu Picasso, el de Moritz, la cabecera de 'El Víbora’, la de ‘Ajoblanco’, el logo de Vinçon, el de El Velуdromo, el del KGB… y nos faltaría pantalla para escribir todos sus trabajos, pero seguro que ya te empieza a sonar ¿verdad? 

Y es que la obra de América es omnipresente. 

 

Nuestros alumnos de Diploma en Diseño gráfico fueron a visitar su muestra esta pasada semana y les surgieron algunas preguntas sobre la obra de este artista icónico del diseño gráfico. Nosotros tuvimos el placer de poder sentarnos a charlar con él y poder responder a algunas de las preguntas que ellos hicieron.

 

SW: América, es innegable que has dejado huella en el mundo del diseño, pero ¿De dónde surge tu pasión por el diseño gráfico? ¿Cómo empezó todo para ti?

 

AS: Empieza, como muchas cosas, con el dibujo. El dibujo de cómic de cuando era pequeño, los dibujos de Disney, las revistas infantiles… Hay una revista maravillosa, creo que todavía sale en Argentina, que se llama Billiken. Me viene un poco de allí.

 

SW: Lo han preguntado de mil formas distintas pero podemos resumirlo en una ¿Porqué decidiste mudarte de Argentina a Barcelona?

 

AS: Decidí venir a Barcelona porqué ya había agotado todos los sitios mejores que había encontrado en Buenos Aires, de trabajo. Así que, lo había agotado todo, pensé voy a cambiar un poco. En ese momento, pregunté a un compañero si se animaba a venir a Barcelona, ya que a mi ya se me había ocurrido venir aquí, por el idioma más que nada. En Barcelona yo podía entender, porque no sabía inglés, ni francés y entonces decidí venir por facilidad. Llegué aquí con 400 dólares y 100 diapositivas como muestra de mi trabajo. Aquí estaba muy anticuado todo, era la época franquista, pero fui muy bien aceptado por la gente y tuve trabajo enseguida. Al segundo día de estar en Barcelona conseguimos un trabajo. 

 

SW: Al segundo día, ¡wow! ¿Cómo obtuviste este trabajo?

 

AS: Sí, al segundo día de caminar por Gran Vía, Rambla Cataluña, allí estaba la empresa Pirelli. Entramos allí, con Alberto di Mauro, que era con quien había venido, y salimos de allí con un trabajo: bolsa de agua caliente Pirelli. Aquel trabajo lo realizamos desde la pensión donde estábamos y fue bien. 

La gente era muy amable aquí cuando llegué y lo es todavía. 

 

SW: Como has dicho, llegas aquí en la época de la dictadura franquista. No te va lo fácil, ¿condiciona, afecta o refleja esto de alguna manera a tus piezas? 

 

AS: No, en verdad no. La gráfica muestra la fachada más alegre y más racional de lo que corresponde a un trabajo en sí mismo. Así que no, en este aspecto no lo condiciona.

 

SW: Por terminar con este apartado más enfocado a tu vida y adentrarnos en tu obra, una última pregunta, devuélvenos el sueño a todos los que nos lo preguntamos ¿Porqué América?

 

AS: Este pseudónimo viene porqué había unos chicos que se llamaban Pérez Sánchez, como yo, firmábamos igual. Un día les dije a ellos que teníamos que cambiar el nombre, ellos o yo, por que nos confundían los trabajos entre sí. “Cambiamos nosotros” dijeron ellos, pero eso no pasó nunca y decidí cambiarlo yo. Fue en los años 80, cuando vino por primera vez mi madre de visita cuando decidí cambiarlo y empezar a firmar con el nombre de ella: América Sánchez. 

 

SW: Entrando ya en la obra de esta exposición, los alumnos sintieron curiosidad por varios aspectos que se repiten durante tu trayectoria. ¿Qué carga simbólica tiene el hecho de tapar los ojos a las fotografías de tus obras? 

 

AS: Esto cambia la identidad de la persona, supuestamente en algunas, por que en el caso de Copito de Nieve, por ejemplo, no la puedes cambiar nunca. La obra de Copito es casi una ironía, una broma al personaje. Este recurso se usa en las fotos policiales, es una especie de censura muy 

evocadora. 

 

SW: Las obras, en las que aparecen los rostros de los niños algo distorsionados o “deformados”, ¿estarían dentro de esta misma línea? 

 

AS: Sí, estoy tapando la identidad, porque esta es una serie que yo encontré. Los niños de la serie son fotos encontradas, desechos de laboratorios fotográficos industriales, cosas que tiran a la basura. Tenia que borrarles la identidad a los chicos, porque podría encontrarlo la madre si yo lo publicaba y hubiera sido delicado.

 

SW: A todos nos pasa o, al menos, todos nos hemos encontrado alguna vez haciéndonos esta pregunta “¿Cuándo doy una pieza por terminada?”. ¿Cómo te guías tu para sentir que ya está terminada? 

 

AS: (sonrisa) Es muy difícil responder a esta pregunta. 

Hay un concepto de dibujo que se llama non finito, que lo utilizaban los italianos en el 1400, que a mi siempre me ha gustado. El concepto se trata de parar cuando te parezca y que la obra no este acabada, esta podía ser perfectamente una definición y, sobre todo, yo creo que te lo pide un poco el cuerpo o te cansas, físicamente, lo dejas y empiezas otra vez. Es difícil, no existe una manera.

 

SW: Para terminar con lo referente a la obra en sí, sabemos que esto no se dice, pero ¿cuál es tu pieza favorita de esta exposición?

 

AS: Racionalmente, una de las piezas más racionales que hay es el calendario de Vinçon que lleva más de 40 años en uso y no ha cambiado nada, funciona muy bien a gran distancia, se ve bien los números, funciona. Es un calendario funcional que se convirtió en un clásico. 

 

Hablemos de inspiración…

 

SW: Viajar parece ser una gran fuente de inspiración en tus obras, quizás la principal ¿con qué más te sueles inspirar ante la llegada de un nuevo proyecto?

 

AS: La curiosidad permanente. Hay que tener curiosidad sobre las cosa, sobre todo para la elección de la iconografía apropiada en cada momento. Para ello, hay que hacer fotografía, hay que dibujar, hay que salir a viajar, también, visitar muchas bibliotecas y estar al tanto de lo que sucede en tu ciudad. Hay que estar actualizado e intentar ser, entre comillas, moderno y saber aquello que pasa para aplicar la identidad más adecuada a cada trabajo.

 

SW: ¿Qué método te parece más curioso en cuanto la expresión de la música en tu obra? Y, sobre esta línea, ¿qué futuro vaticinas para la expresión gráfica de la música?

 

AS: Lo del futuro no lo sé. Pienso que con el ordenador va a ser todo mucho más radical, lo que pasa es que viene en programas ya hechos, parece comida preparada. Comida ya hecha. Es mucho mejor hacerla, la comida, ir al mercado y hacerla. En el diseño pasa igual, es mucho mejor tener elementos propios y no tener algo hecho como ahora. Me dijeron que hay plantillas, si hay plantillas ya lo puede hacer cualquiera. 

Yo aconsejo siempre partir desde el dibujo, el dibujo es la base para entender la iconografía, para entender los conceptos. Hay que saber de tipografía, de caligrafía. Un diseñador tiene que saber escribir bien, bien quiere decir que se entienda por lo menos. Un diseñador tiene que saber de color, de geometría, de composición.

 

SW: Bueno, Moderno, clásico, jazz y tropical, es evidente que la música cobra un gran peso en tu obra, como fuente de inspiración, como reflejo y como finalidad. Hablemos de música pues.

 

AS: Yo escucho música siempre. En estos momentos, una de las músicas que me llama más la atención es el jazz contemporáneo. Estoy escuchando un poco de flamenco también y aprendiendo flamenco, es muy difícil, es otro mundo. Escucho un poquito de fado, el fado que me gusta ahora. Hay fado moderno. Pero claro, también esta la música de la Argentina antigua, los tangos de los años 40, los escucho como históricos y me encantan. 

 

 

 

A todo esto solo nos queda añadir ¡Muchas gracias, América! 

 

Gracias por el rato que pasamos charlando y haberte mostrado tan acogedor, pero, sobre todo, ¡gracias por el diseño!

A estas alturas, no es necesario ni siquiera decirlo, pero enhorabuena por tu muestra. Moderno, clásico, jazz y tropical es una exposición que merece la pena visitar i detenerte en cada una de sus salas, respirar el ambiente que evoca y ser participe del recorrido que el diseño ha hecho a través de las obras de este gran maestro.

 

¿A qué esperáis para ir?